 A LA MAR FUI POR NARANJAS
COSA QUE LA MAR NO TIENE,
METÍ LA MANO EN EL AGUA:
LA ESPERANZA ME MANTIENE.
Aunque resulte tópico, no podemos hablar de la relación de Pedro García Cabrera y el mar sin antes hacer mención a esta copla popular de la Gomera, que oyó desde niño cantar y que luego no sólo la asumió como fuente de inspiración sino que, a nuestro parecer, engloba su trayectoria poética y responde a la identidad del ser isleño y su actitud hacia el mar.
La mar me da un sentido universal, y la intimidad, mi dimensión de estos dos elementos constituye mi cosmos existencial.
El mar, o la mar, como el mismo puntualizó, configura un espacio libre, plural y vivo que propicia el tránsito a la conquista de la plenitud y le ofrece la posibilidad de siempre ser y nacer a cada instante: elemento que está haciéndose sin tregua.
Ese espíritu de continua renovación y de cambio, y en definitiva de libertad, será pues lo que necesita el hombre para sentir que está vivo, e insiste cada día metiendo la mano en el agua con la esperanza de encontrar su propia voz, la paz, la libertad, el sueño, las islas, incluso su propio nacimiento. En suma, el mar se perfila como búsqueda y respuesta de la identidad:
Ayúdame a encontrar
las llaves de mi mismo
perdidas en el fondo del mar.
Pedro García Cabrera es un hombre que vive el paradójico sentir de tender hacia una lejanía y un horizonte intuido como liberación, mientras se ve limitado por lo cercano. Entonces se siente isla que emerge sobre el solar sin muros de la mar y nace como tal la impotencia de acceder a una total libertad.
Pero será la esperanza de aquellos brazos que empuñan unos remos rotos y que conocen sus limitaciones los que osan diariamente con alcanzar el horizonte.
Es entonces cuando los límites entre esa mar y la Isla se diluyen, la Isla se convierte en un espacio para ser y no ser.
A través del diálogo entre esa mar que se siente a solas y necesita de la compañía humana y de este hombre que se sabe estrella de mar humanizada nace la libre posesión. Al acariciar las aguas desnudas de la libertad se rompen al mismo tiempo los grilletes de las islas.
En ese instante, en el que Isla y Mar son uno, el mundo se empequeñece y cabe en una mano todo el mar... nace en cada dedo un horizonte.
Pedro García Cabrera se busca en el mar a través de la palabra. Se sirve de la fuerza vigorosa del mar, unida al poder solidario de la palabra, para unir a todos aquellos hombres que, bajo la misma experiencia compartida de ser isleños, se sienten pueblo y alumnos de la libertad.
Cada poema nace con una nueva incertidumbre y nunca como afirmación, es una llamada más a continuar la búsqueda. Cada poema es, por tanto, una nueva duda, una contradicción, cada poema es, en definitiva, mar, hombre, vida…
Desde el momento en el que el hombre pueda definirse y esté acotado dejará de ser, el mar dejará de ser mar y será un mar muerto.
Y DE SABER QUIEN SOY YO,
ES TODO LO QUE ANSÍO.
Y EL DÍA QUE LO SEPA
TENDRÉIS ANTE VOSOTROS
LA IMAGEN DE UN MAR MUERTO
María Hernández
Licenciada en Filogía
ESEKEN, edición impresa Nº 6, pag.17
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