Todo el nacionalismo en La Gomera gira en torno al ex alcalde de Valle Gran Rey y presidente, cuando le interesa, insular de CC, Esteban Bethencourt. Muchos cuando Ángel Luis Castilla y Ruymán se sentaron en las dos alcaldías gracias a los tránsfugas miraron hacia el histórico dirigente y recordaron su autoritarismo, su escasa predisposición a trabajar en equipo y sobre todo, sus componendas con el otro político que junto a él han marcado la historia de la democracia en la Isla Colombina: Casimiro Curbelo. 
Ambos se repartieron la Isla durante años y años, pero las cosas han cambiado radicalmente y el caciquisimo,
favorecido y potenciado por los empresarios, especialmente quien también ha forjado hasta el paisaje: Fred Olsen o Los Noruegos como se les conoce en La Gomera, está viviendo su agonía y su fatal decadencia, tanto dentro de CC, como en el PSC y que además coincide con la llegada de un tercer elemento, el CCN, que naciendo del desencanto nacionalista ha conseguido tocar poder y presentarse como una opción sólida para el 2011.
Y en ese paisaje agónico, donde muchos cadáveres políticos quieren seguir viviendo a costa del futuro de los que quieren ser alternativa a la odiosa tiranía de Casimiro, el presidente del Gobierno, Paulino Rivero, convocó una reunión con todos los suyos, ya que quería conocer de primera mano como se las gastaba el partido, después del descalabro de las dos mociones de censura. Acudieron a la cita cincuenta personas, tanto cargos orgánicos, institucionales y militantes de CC para hablar con el presidente. Y Esteban Bethencourt, el presidente insular, supuesto anfitrión, el que debía recibir a Paulino, marcó como siempre el territorio. Sabedor que Rivero venía con el tiempo marcado, la convocó a las seis y media de la tarde y solamente podía estarse hasta las ocho y cuarto, el ex alcalde se personó allí a las siete menos cinco, osea, veinticinco minutos más tarde, desaprovechando ese preciado tiempo y poniendo a todos los presentes de los nervios, ya que su presencia era fundamental.
Llega, empieza el acto como presidente insular y después de darle las gracias a Paulino Rivero, le cede la palabra. El presidente pide a todos los presentes fundamentalmente unidad, integración, lealtad y disciplina y en esas cuatro palabras centró todo su discurso, apelando a estos valores en unos tiempos en los que CC retrocede y pierde el terreno conquistado a Casimiro Curbelo. Y sobre éste habló Paulino Rivero, diciendo que los gobiernos anteriores de CC, los que estaban antes de él, habían sido muy condescendientes con el presidente socialista del Cabildo, al que le habían permitido de todo y convirtiéndose el niño mimado de todos los presidentes que se sentaron antes que él, Manuel Hermoso, Román Rodríguez, Lorenzo Olarte, pero insistió que el que mejor lo trató, inexplicablemente, fue Adán Martín, ahora enemigo cordial. Y habló durante 25 minutos, siempre diciendo que a las ocho y cuarto se tenía que ir de allí. Lo mejor de su discurso fue la dura crítica a los que antes ejercieron sus mismas labores de gobierno, como si ahora nada existiese sino su propia figura. Habló sinceramente y es raro en el presidente darse estos lujos, pero la ocasión y las circunstancias así lo requerían y sobretodo porque nunca se podría imaginar que estas palabras suyas acabarían en este medio digital. Paulino Rivero quiere borrar todo ese legado de relaciones entre CC y el PSC-PSOE gomero, donde Casimiro ha hecho lo que ha querido sin control ninguno, excepto en esta última legislatura, donde ha intervenido otro factor considerablemente sorpresivo: la Justicia. Y son las denuncias contra Bernal Trujillo y Casimiro las que han cambiado la historia…Continuará...
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