Hermigua (La Gomera). No podemos entender el desarrollo económico, social y demográfico de la cara norte de la isla de La Gomera sin los pescantes. Estas estructuras de madera y metal constituyeron en la primera mitad del siglo XX el elemento de transporte básico para estos municipios, hasta que a mitad de siglo se construyó la carretera del norte. En Hermigua, el pescante, del que quedan unos prismas de hormigón, cumple cien años. Cuando se afianza la producción agrícola del municipio y comienza lentamente a existir un núcleo de empresas que van a hacer de la exportación su medio de subsistencia, se va a plantear el problema del transporte. Como comentamos anteriormente, la red de carreteras no se iniciará hasta 1915 y finalizará en los años cuarenta, con lo que se planteaba una verdadera dificultad. En un principio existieron unos pequeños embarcaderos que resultaban altamente incómodos y a comienzos de siglo fueron sustituidos por unas estructuras más modernas y funcionales.
Precisamente en esas fechas vemos como se van a crear sociedades con el fin de apoyar el transporte de mercancías y facilitar su exportación. En Hermigua se creará la Sociedad Anónima La Unión, mientras que en los pueblos vecinos de Agulo y Vallehermoso se constituirán las sociedades El Patriotismo y El Progreso respectivamente.
Si el transporte de mercancías resultaba costoso, no lo sería menos el de personas. En una especie de canasto o cesta los pasajeros eran descendidos hasta el barco, en una maniobra que se tornaba muy complicada por la bravura natural de las corrientes del norte.
Así pues, entre 1907 y 1908 tendríamos funcionando la gran estructura de hierro con un motor de vapor que movía el remolque. Junto a esta, el pescante tenía una oficina donde se registraban las entradas y salidas que se producían. Así mismo, también sabemos que tenía una cinta transportadora para facilitar las labores de carga y descarga.
Finalmente, tras la mejora de las conexiones por carretera, la construcción del puerto de la capital, San Sebastián; y la aparición del vehículo a motor, va a hacer que desaparezca esta obra de ingeniería, dejando atrás sólo el recuerdo de una época de prosperidad económica.
Es necesario proteger y revalorizar nuestro patrimonio, pero no sólo el histórico artístico, sino también el industrial, símbolo del progreso del hombre frente a la naturaleza. Hoy el pescante es más que restos de hormigón, es un símbolo que identifica a todo un pueblo.
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